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Mayo en el calendario judío: de Pésaj Shení a Shavuot

May 01, 2026

Mayo en el calendario judío: de Pésaj Shení a Shavuot

Mayo de 2026 reúne dentro de pocas semanas varias fechas que, aunque tienen orígenes y niveles de observancia diferentes, forman un recorrido particularmente hermoso dentro del calendario judío. El mes comienza el 1 de mayo con Pésaj Shení, atraviesa Lag BaÓmer y Yom Yerushaláyim, recibe el mes de Siván y culmina con Shavuot, la festividad que nos conduce nuevamente al monte Sinaí.

No todas estas fechas tienen la misma categoría religiosa. Shavuot es una de las tres festividades de peregrinación establecidas en la Torá. Pésaj Shení tiene origen bíblico, aunque su observancia actual es muy distinta de la que existía cuando estaba en pie el Templo. Lag BaÓmer pertenece al desarrollo de la tradición rabínica, mientras que Yom Yerushaláyim es una conmemoración contemporánea vinculada con los acontecimientos de 1967. Rosh Jódesh Siván, por su parte, marca el comienzo del mes en el que la tradición sitúa Matan Torá, la entrega de la Torá.

En 2026, Pésaj Shení cae el 1 de mayo, Lag BaÓmer el día 5, Yom Yerushaláyim el 15, Rosh Jódesh Siván el 17 y Shavuot comienza al anochecer del 21 de mayo. En la diáspora se observa durante el 22 y 23 de mayo.

Miradas en conjunto, estas fechas permiten seguir una misma pregunta: ¿qué ocurre después de salir de Egipto?

Pésaj nos habla de liberación. Shavuot nos obliga a preguntarnos para qué sirve esa libertad.

Pésaj Shení: cuando todavía existe un camino de regreso

El mes comienza con una de las disposiciones más singulares de la Torá.

En Bemidbar 9, algunos hombres se acercan a Moshé porque, debido a su estado de impureza ritual, no habían podido participar del korban Pésaj en el tiempo establecido. Su reacción es significativa. No se conforman con haber quedado fuera. Preguntan:

“¿Por qué hemos de ser excluidos?”

Moshé lleva la cuestión ante Hashem y la respuesta establece una segunda oportunidad. Quien hubiera estado ritualmente impuro o demasiado lejos para participar de Pésaj podría presentar el sacrificio un mes más tarde, el día 14 de Iyar.

Así nace Pésaj Shení.

Después de la destrucción del Segundo Templo ya no existe el korban Pésaj, por lo que Pésaj Shení no se observa como una segunda celebración completa de Pésaj. No existe nuevamente la prohibición general de jametz ni se repite el Séder. Algunas comunidades acostumbran comer un poco de matzá y se omiten ciertas plegarias penitenciales.

Pero la fuerza de Pésaj Shení permanece.

Hay algo profundamente judío en la escena de Bemidbar. La Torá reconoce que una persona puede no haber estado preparada cuando llegó el momento. Puede haber existido una imposibilidad real, una distancia o una condición que le impidió participar.

Y, aun así, la historia no termina allí.

La tradición judía nunca ha entendido la vida espiritual como una línea perfecta en la que solamente tiene éxito quien nunca se equivoca. Teshuvá, retorno, forma parte de la estructura misma de nuestra relación con Hashem.

Pésaj Shení introduce esa posibilidad dentro del calendario: hubo una fecha correcta, la perdiste, y todavía puede existir otra puerta.

No significa que todas las oportunidades sean indefinidas ni que podamos postergar deliberadamente nuestras obligaciones. La enseñanza es más fina. Hay diferencia entre despreciar una oportunidad y no haber podido alcanzarla.

El 1 de mayo de 2026 comienza, por tanto, recordándonos que el judaísmo exige responsabilidad, pero también conoce el regreso.

Contar el Ómer: la libertad necesita preparación

Mientras celebramos estas fechas seguimos dentro de Sefirat HaÓmer, la cuenta del Ómer.

La Torá ordena contar siete semanas desde el período de Pésaj hasta llegar a cincuenta días, cuando celebramos Shavuot. La fuente aparece en Vayikrá 23:15-16.

En su contexto original, el Ómer está relacionado con el ciclo agrícola y con una ofrenda que se presentaba en el Templo. Sin embargo, la tradición rabínica convirtió también esos cuarenta y nueve días en una conexión temporal entre dos acontecimientos fundamentales: la salida de Egipto y la recepción de la Torá.

Esta relación cambia la manera en que entendemos Pésaj.

Salir de Egipto no constituye el final de la historia.

Un esclavo puede abandonar físicamente la casa de su amo y seguir pensando como esclavo. Una sociedad puede romper una estructura de sometimiento y todavía no haber aprendido qué hacer con la libertad que acaba de recibir.

La Torá no conduce a Israel desde Egipto directamente hacia una vida sin límites. Lo conduce hacia Sinaí.

Entre ambos acontecimientos existe una cuenta.

Día tras día.

La libertad, dentro del judaísmo, necesita dirección.

Desde la perspectiva de la Kabbalah, las siete semanas del Ómer adquirieron además una dimensión de trabajo interior. La tradición relaciona cada semana y cada día con diferentes combinaciones de las siete sefirot emocionales: Jésed, Guevurá, Tiféret, Nétzaj, Hod, Yesod y Maljut.

No se trata simplemente de memorizar nombres hebreos.

La intención es examinar cómo utilizamos el amor, el límite, la compasión, la perseverancia, la humildad, la conexión y la capacidad de manifestar nuestras decisiones en el mundo.

Contar el Ómer termina convirtiéndose así en una disciplina espiritual: cada día importa porque cada día nos acerca a Sinaí.

Lag BaÓmer y la dimensión interior de la Torá

El 5 de mayo de 2026 corresponde al 18 de Iyar, el día número treinta y tres de la cuenta del Ómer: Lag BaÓmer.

La propia expresión “Lag” surge del valor numérico de las letras hebreas lamed y guímel, que suman treinta y tres.

La fecha está vinculada en la tradición rabínica con los discípulos de Rabí Akiva. El Talmud relata que miles de sus estudiantes murieron durante un período entre Pésaj y Shavuot porque no se trataban unos a otros con el respeto apropiado. La tradición posterior relacionó Lag BaÓmer con el cese de aquella mortandad, razón por la que muchas prácticas de duelo propias del período del Ómer se modifican ese día.

Pero Lag BaÓmer posee además una importancia especial para quienes estudiamos la tradición mística judía.

La fecha está estrechamente asociada con Rabí Shimón bar Yojái, uno de los grandes sabios de la época de la Mishná y la figura a quien la tradición atribuye las enseñanzas que constituyen el núcleo del Zóhar.

Aquí conviene distinguir entre historia y tradición.

El Zóhar, tal como lo conocemos, apareció públicamente muchos siglos después de la vida de Rabí Shimón bar Yojái. La tradición cabalística, sin embargo, lo sitúa como transmisor fundamental de una enseñanza esotérica que posteriormente sería revelada y desarrollada.

Por eso Lag BaÓmer adquirió un carácter especialmente luminoso dentro del mundo de la Kabbalah.

La celebración en Merón, donde se encuentra la tumba tradicionalmente atribuida a Rabí Shimón bar Yojái, se convirtió con el tiempo en una de las peregrinaciones judías más conocidas de Israel.

Las hogueras características de Lag BaÓmer también terminaron asociándose simbólicamente con la luz de la Torá interior.

Pero hay una enseñanza que me parece todavía más importante que la imagen de las hogueras.

La tradición sitúa dentro del mismo período tanto el fracaso de los alumnos de Rabí Akiva para honrarse correctamente como la transmisión de una Torá profundamente interior.

No basta conocer.

Una persona puede estudiar Torá, tener maestros extraordinarios y poseer conocimiento, mientras continúa fallando en la manera en que trata a los demás.

La espiritualidad judía nunca puede separarse completamente de la conducta.

Jerusalén entra en el calendario

Diez días después de Lag BaÓmer llegamos a una fecha de naturaleza muy diferente.

El 15 de mayo de 2026 corresponde al 28 de Iyar y a Yom Yerushaláyim.

Yom Yerushaláyim es una conmemoración moderna establecida después de la Guerra de los Seis Días de 1967 y vinculada con la toma de la Ciudad Vieja y Jerusalén oriental por Israel.

Su observancia religiosa no es uniforme entre todas las comunidades judías. Algunas recitan Hallel y desarrollaron liturgias particulares para la fecha; otras la conmemoran principalmente en el ámbito nacional o histórico.

Esa diversidad debe reconocerse.

Pero la importancia de Jerusalén no comienza en 1967.

Yerushaláyim atraviesa prácticamente toda la memoria judía.

David establece allí su capital. Shelomó construye el Primer Templo. Después de la destrucción y el exilio babilónico, el regreso a Jerusalén se convierte en una de las grandes aspiraciones nacionales descritas en los textos bíblicos.

El Segundo Templo vuelve a situarla en el centro de la vida religiosa.

Después de su destrucción por Roma en el año 70 de la era común, Jerusalén permanece dentro de la liturgia incluso cuando gran parte del pueblo judío vive lejos de ella.

Oramos mirando hacia Jerusalén.

La mencionamos en Birkat HaMazón.

La recordamos en las bodas.

La encontramos repetidamente en los Salmos.

“Si me olvidare de ti, Jerusalén, que mi diestra se olvide de mí”, declara Tehilim 137.

Por eso es imposible reducir Jerusalén únicamente a una disputa contemporánea. Su realidad política pertenece al presente; su lugar dentro de la conciencia judía tiene miles de años.

Yom Yerushaláyim pone ambas dimensiones frente a nosotros.

Siván: acercándonos nuevamente al Sinaí

El 17 de mayo comienza Rosh Jódesh Siván.

Con Siván cambia el tono del mes.

Shemot 19 nos cuenta que en el tercer mes después de la salida de Egipto los hijos de Israel llegaron al desierto de Sinaí.

La tradición rabínica presta especial atención a la descripción del campamento frente al monte. El texto utiliza una construcción singular al hablar de Israel acampando allí, y los comentaristas vieron en ella una referencia a una particular unidad del pueblo en preparación para recibir la Torá.

Después de semanas contando el Ómer, comenzamos a acercarnos al momento hacia el cual se dirigía toda la travesía.

Egipto quedó atrás.

Ahora aparece la pregunta de qué clase de pueblo surgirá de aquella liberación.

Shavuot: la libertad encuentra su propósito

Al anochecer del 21 de mayo comienza Shavuot. En la diáspora se celebra el 22 y 23 de mayo de 2026.

Shavuot pertenece, junto con Pésaj y Sucot, a los Shalosh Regalim, las tres festividades de peregrinación de la Torá.

En el texto bíblico aparece relacionada con el ciclo agrícola, las semanas contadas desde Pésaj, las primicias y la cosecha. La denominación litúrgica Zman Matan Toratenu —“el tiempo de la entrega de nuestra Torá”— expresa la identificación rabínica de la festividad con la revelación del Sinaí.

Shemot 19 y 20 contienen una de las escenas fundamentales del judaísmo.

Israel llega al monte.

Se prepara.

Existe un pacto.

Y entonces aparecen las Aseret HaDibrot, las Diez Palabras que posteriormente serían conocidas en español como los Diez Mandamientos.

Pero reducir Matan Torá únicamente a diez mandamientos sería perder la magnitud del acontecimiento dentro de la tradición judía.

Sinaí representa la entrada de Israel en una relación de pacto.

La libertad obtenida en Egipto adquiere una responsabilidad.

Ahí está una diferencia esencial entre libertad y ausencia de límites.

La primera puede construir una persona. La segunda puede terminar dominándola de otra manera.

El faraón podía ordenar desde fuera.

En Sinaí, Israel debe aprender a gobernarse desde dentro mediante una alianza que alcanza la vida personal, familiar, económica, judicial, social y espiritual.

Shavuot recuerda que ser libre no significa vivir sin obligación.

Significa poder elegir conscientemente a qué nos comprometemos.

La noche de Shavuot y el deseo de seguir estudiando

Una de las costumbres más conocidas de Shavuot es permanecer despiertos durante parte o toda la primera noche estudiando Torá.

La práctica conocida como Tikkún Leil Shavuot adquirió especial desarrollo dentro de la tradición cabalística.

En las comunidades sefardíes, el orden tradicional del Tikkún ocupa un lugar particularmente importante. Incluye selecciones del Tanaj y otros textos que recorren simbólicamente diferentes niveles de la Torá.

La intención no debería reducirse a pasar una noche sin dormir.

El estudio representa preparación.

Cada año volvemos simbólicamente a Sinaí y preguntamos si estamos dispuestos a recibir nuevamente aquello que afirmamos haber recibido antes.

También existen otras costumbres asociadas con Shavuot. Muchas comunidades acostumbran consumir alimentos lácteos. Meguilat Rut ocupa igualmente un lugar tradicional en la festividad.

Rut parece, a primera vista, una elección curiosa.

No contiene truenos ni relámpagos.

No ocurre en el monte Sinaí.

Cuenta la historia de una mujer moabita que decide vincular su destino al pueblo de Israel.

“Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”.

Precisamente por eso su presencia en Shavuot resulta tan poderosa.

En Sinaí, Israel recibe la Torá como pueblo.

Rut representa, generaciones después, a una persona que decide entrar voluntariamente en ese pacto.

Y de Rut surgirá la línea del rey David.

Un mes entero caminando hacia la Torá

Cuando observamos mayo de 2026 completo, las fechas dejan de parecer acontecimientos aislados.

El mes comienza con personas que se acercaron a Moshé porque se negaban a aceptar que habían perdido para siempre su oportunidad de participar.

Pésaj Shení habla de regresar.

El Ómer nos obliga a contar y trabajar.

Lag BaÓmer recuerda el peligro de estudiar Torá sin desarrollar respeto hacia el otro y nos acerca a la dimensión interior de la tradición.

Yom Yerushaláyim vuelve nuestra mirada hacia la ciudad que ocupa un lugar central en la memoria, la oración y la historia judía.

Siván nos lleva al desierto.

Y Shavuot finalmente nos coloca frente al Sinaí.

Tal vez por eso la relación entre Pésaj y Shavuot continúa siendo tan relevante.

Pésaj nos pregunta de qué necesitamos liberarnos.

Shavuot nos hace una pregunta más difícil:

¿qué haremos después de ser libres?

La Torá no presenta la libertad como un destino final. La presenta como la condición que permite asumir conscientemente una responsabilidad.

Salimos de Egipto para poder llegar a Sinaí.

Y cada año volvemos a recorrer el camino.

Yehudit
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